Ubicada en la costa noreste del país, Samaná es un contraste fascinante de montañas cubiertas de cocoteros, cascadas escondidas en medio de la selva y playas de arena dorada que parecen no tener fin.
Con el viento en la cara, verás cómo los acantilados marinos se van haciendo cada vez más grandes y majestuosos a medida que te aproximas a la orilla.
Saona no es solo una playa bonita; es una reserva natural protegida de más de 110 kilómetros cuadrados rodeada de una biodiversidad increíble.